La muerte de Alejandro Zalazar, el anestesista mendocino de 31 años hallado sin vida en su departamento de Palermo, empezó a reconstruirse con precisión quirúrgica a partir de cámaras de seguridad, registros telefónicos y su último intercambio de mensajes. El foco de la investigación está puesto en esas horas finales, donde no hay terceros identificados pero sí zonas aún sin explicar.
El jueves 19 de febrero fue un día sin desvíos aparentes. A las 8.05, Zalazar salió de su departamento de la calle Juncal al 4600, vestido con remera blanca, short negro y zapatillas. Llevaba una riñonera cruzada. Durante la jornada, su teléfono registró actividad en la zona del Hospital Gutiérrez, donde realizaba parte de su formación.

Volvió a su casa a las 20.06. Las cámaras lo muestran con la misma ropa y una bolsa en la mano. Permaneció menos de una hora: a las 20.55 salió otra vez, ya con indumentaria deportiva, rumbo al gimnasio ubicado a pocas cuadras.


Ese movimiento marca el último tramo de actividad externa. A las 22.01, las cámaras del edificio registran su regreso. Entra solo, saluda al personal de seguridad y lleva un sobre en la mano. Es la última imagen con vida.

A partir de ahí, todo ocurre puertas adentro.
Los registros telefónicos completan la secuencia: a las 21.30 recibió una llamada perdida y a las 22.07 realizó su última comunicación. Después de ese momento, el teléfono quedó inactivo.
En paralelo, su último contacto fue con un amigo cercano. Habían quedado en verse esa misma noche. Primero confirmó el plan: “¿Me bancás que llego y me baño?”, escribió. Minutos después, tras un silencio en la conversación, cambió el tono: “Perdón, me agarró el bajón, pero mal”. Propuso postergar el encuentro para la mañana siguiente.
Ese mensaje es el último registro directo de su estado antes de morir.

El amigo declaró que no interpretó esa frase como una señal de alarma. La vinculó con una situación personal: Zalazar atravesaba una ruptura reciente. Acordaron verse al día siguiente. Nunca ocurrió.
La secuencia se corta ahí. Entre su ingreso al departamento a las 22.01 y el momento en que fue encontrado sin vida al día siguiente, no hay reconstrucción cerrada. Es el punto ciego de la causa.
Cuando sus colegas notaron su ausencia en la Fundación Favaloro, comenzaron a buscarlo. Finalmente, ingresaron al departamento y lo encontraron en el piso, sin signos vitales, con una vía conectada a su pie derecho. Vestía la misma ropa deportiva con la que había vuelto del gimnasio.
En el lugar había una jeringa, una ampolla y un frasco que podrían corresponder a fentanilo y propofol. La autopsia preliminar determinó que murió por un edema pulmonar, pero aún se esperan los resultados toxicológicos que definirán qué sustancias tenía en el cuerpo y en qué cantidad.
Hay elementos ya establecidos: no hubo ingreso forzado, no hay registros de terceros en el edificio y todo indica que estaba solo al momento de la muerte.
Pero persisten las preguntas clave. Qué hizo en esas horas dentro del departamento. Qué contenía el sobre que llevaba al entrar. Y si hubo consumo de sustancias en ese lapso.
Esas últimas horas, delimitadas con precisión en la previa pero opacas en su tramo final, concentran hoy toda la investigación. Ahí está la respuesta que todavía no aparece.
El vínculo con las “Propo fest”
La muerte de Zalazar comenzó a ser analizada en paralelo con otra investigación judicial por presunta administración fraudulenta de medicamentos. Esa causa, a cargo del juez Javier Sánchez Sarmiento y el fiscal Lucio Herrera, apunta al posible desvío de ampollas de propofol en el Hospital Italiano.
Las llamadas “Propo fest” son reuniones clandestinas donde personal médico presuntamente administraba drogas de uso exclusivo hospitalario y anestésico (como el propofol y el fentanilo) con fines puramente recreativos, induciendo a los participantes a “viajes controlados” de relajación extrema bajo una riesgosa supervisión.
Por ahora, los investigadores buscan determinar si existe algún vínculo entre ese circuito y las circunstancias de la muerte del anestesista mendocino.

