Las expectativas salariales en el mercado laboral argentino mostraron en febrero un leve repunte tras dos meses consecutivos de caída, aunque sin lograr revertir la pérdida frente a la inflación acumulada.
Según un relevamiento privado, el salario pretendido promedio alcanzó los $1.755.866 mensuales, con una suba del 3,3% respecto de enero. El dato se ubicó apenas por encima de la inflación mensual del 2,9%, lo que sugiere una recuperación marginal en el poder de negociación de quienes buscan empleo.
El cambio de tendencia se produce luego de un cierre de año en retroceso, con caídas del 3,71% en diciembre y del 1,87% en enero. Sin embargo, la mejora mensual no logra compensar el deterioro interanual: las pretensiones salariales crecieron 22,9% en el último año, diez puntos por debajo del avance de los precios, que alcanzó el 33,1%. El desfasaje confirma que las expectativas continúan corriendo por detrás del costo de vida.
El informe también expone fuertes disparidades según el rubro y el nivel de experiencia. Entre los sectores con mayores aspiraciones salariales se destacan planeamiento económico-financiero, con sueldos cercanos a los $4.750.000 para posiciones de supervisión, e ingeniería metalúrgica, que ronda los $3.250.000 en perfiles semi senior y senior. Los roles de liderazgo de proyectos se ubican en torno a los $3.500.000, incluso en escalas iniciales.
En el extremo opuesto, las menores pretensiones se concentran en tareas operativas y de servicios. Mantenimiento y limpieza registra pedidos de $837.500 para niveles junior, mientras que el telemarketing alcanza los $950.000 en perfiles más experimentados. El sector de enfermería, en tanto, presenta remuneraciones cercanas a $1.500.000 incluso en cargos jerárquicos, lo que evidencia un rezago relativo frente a otras actividades.
El relevamiento confirma además la persistencia de la brecha de género en las expectativas salariales. Los hombres solicitaron en promedio $1.797.320, frente a $1.658.950 de las mujeres, una diferencia del 8,34%. La distancia se amplía con la jerarquía: alcanza el 5,4% en puestos junior, supera el 6% en niveles intermedios y se aproxima al 20% en posiciones de supervisión o jefatura, consolidando un patrón estructural en el mercado laboral.

