Carlos Ferello, un ingeniero jubilado que embarcó en Ushuaia con el deseo de navegar por rutas remotas, rompió el silencio tras el arribo del crucero MV Hondius a Tenerife. Calificó la experiencia como “una desgracia” y detalló el minuto a minuto de un brote que transformó un itinerario turístico en una emergencia global.
“Iban a ser treinta y pico de días; tendría que haber estado en Buenos Aires el 5 de mayo, y ahora se va a alargar por lo menos 15 días más”, lamentó el pasajero, quien de todas formas rescató el vínculo de fraternidad que se generó a bordo tras semanas de aislamiento.
El relato de Ferello permitió reconstruir la cronología del virus: los primeros síntomas aparecieron en un matrimonio neerlandés mientras navegaban hacia Tristán da Cunha.
“El buque salió para hacer este recorrido el 1 de abril. El 20 de marzo hizo el recorrido previo a la Península Antártica. Estábamos llegando cerca de Tristán da Cunha. Ya habían avisado que había un matrimonio nerrlandés que estaba enfermo, que había presentado síntomas, pero ninguno sospechaba nada. Hasta que un día comunica el capitán que el neerlandés murió. Ahí no se sospechaba nada; eran personas de edad, tenían un cuadro de fiebre, se lo trató como una infección y pasaron los días”, recordó por el canal de noticias TN.
Sin embargo, la alarma definitiva sonó en la isla de Santa Elena, donde la esposa del fallecido fue evacuada hacia Johannesburgo, lugar donde también murió poco después.
“Ahí es cuando se prendieron todas las alarmas, empezaron a hacer análisis y empezaron a delinear que teníamos que estar aislados“, explicó Ferello.
A partir de allí, se confirmaron los casos de hantavirus que incluyeron al médico del barco y a un guía, quienes afortunadamente lograron recuperarse tras ser desembarcados en Sudáfrica.
“Ahí empezamos a hacer aislamiento, a cuidarnos. Llegamos a Cabo Verde, no nos dejaron desembarcar, empezaron a tomar medidas para ir a otros lados a desembarcar y terminamos en Tenerife“, relató.
A pesar de la gravedad del cuadro sanitario, Ferello aseguró que a bordo no se vivió un clima de pánico generalizado. “Como yo estaba solo, siempre comía, desayunaba y paseaba solo; no tenía tanto contacto”, explicó, señalando que las medidas de distanciamiento ayudaron a frenar nuevos contagios.
Además, destacó la labor diplomática argentina: “Cancillería y el embajador fueron espectaculares. Estaban en contacto permanente, tanto el Ministerio de Salud como los consulados”. Ante la opción de elegir su destino de repatriación, el ingeniero optó por viajar a los Países Bajos junto a otros 26 pasajeros para cumplir allí con los protocolos sanitarios.
En territorio neerlandés, Ferello y el resto de los extranjeros (procedentes de Japón y Grecia) serán alojados en un hotel donde se someterán a análisis de sangre y un seguimiento periódico durante 15 días.
“Es un viaje inolvidable”, concluyó entre risas irónicas, remarcando que, pese a la tragedia que sufrieron sus compañeros de viaje, el grupo de “fanáticos de los pájaros” y amantes de la navegación que conformaban el pasaje mantuvo la templanza hasta llegar a puerto seguro.
Con información de TN y Noticias Argentinas.

