Tal vez la era post Mundial de fútbol comience a abrir algunas ventanas para que la agenda legislativa empiece a debatir el paquete de reformas electorales bonaerense que incluye cuestiones de naturaleza partidaria, como la reelección de intendentes que piden desde el peronismo K más un sector mayoritario del radicalismo, o la implementación del sistema de Boleta Única de Papel que reclaman los libertarios que reemplaza las tradicionales boletas sábanas partidarias.
Es habitual que la dirigencia política busque soluciones a sus propios conflictos internos a través de cambios en las reglas de votación o el desdoblamiento eleccionario.
En definitiva, una demanda que atiende más a la coyuntura política que a una solución de fondo para problemas reales que exige la población para atender la urgente crisis económica y social. La agenda política es versátil y dentro de ese microclima existe lugar para la futurología.
Dentro del arco opositor cercano a los intereses electorales de La Libertad Avanza, no pocos creen que llegado el momento, el presidente Javier Milei va a arrojar un salvavidas que permita mejorar las expectativas económicas de la sociedad y así avanzar con su plan de ser reelecto. Mientras tanto, aseguran, algunos intendentes y dirigentes -mayoritariamente exintegrantes de Juntos por el Cambio- empiezan a explorar la estrategia de “ponerse colorados” y salir a militar la campaña como candidato a gobernador del nuevo jefe de Gabinete nacional, Diego Santilli.
Sobre el mapa bonaerense trazan un diagnóstico que trasciende las fronteras partidarias más allá que ahora se abra la posibilidad de fortalecer el vínculo político con LLA. La lectura es razonable ya que buena parte de la dirigencia libertaria que responde a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, habla únicamente para sus propios votantes buscando sostener su influencia.
¿Se conformará la fuerza violeta con postular a una vicegobernadora por el cupo femenino? La pregunta obtiene varios signos de interrogación. Con este escenario, la disputa por el control del armado bonaerense puede ingresar en una nueva fase clasificatoria. Aquellos dirigentes más cercanos a Santilli aceleran un despliegue territorial con el respaldo que otorga el nuevo esquema de poder en la Casa Rosada.
En principio no quieren descuidar a los sectores moderados que suelen definir las elecciones en la Provincia, por encima de la cúpula mileísta que privilegia la confrontación permanente con el kirchnerismo.
Por supuesto, el legítimo reclamo de la Provincia en medio de la disputa por la transferencia de recursos nacionales se proyecta como un eje central en la relación política por las consecuencias directas que tienen sobre los contribuyentes bonaerenses.
En la sede gubernamental creen que Milei tiene la decisión política en desfinanciar financieramente a la PBA para dañar políticamente la imagen del Gobernador. Por eso Axel Kicillof busca mostrarse como la otra cara de la moneda del Gobierno nacional, ofreciendo acceso crediticio para infraestructura municipal sin mirar la camiseta política de cada intendente.
La definición gubernamental pasa por intentar fortalecer a las gestiones distritales frente a la disminución de los ingresos que reciben tanto por coparticipación como por recaudación propia. El accionar discursivo de Nación y PBA viene transitando un fuerte proceso de polarización rumbo a las elecciones del año que viene, priorizando la grieta por encima de la racionalidad que reclama el ciudadano común.
En la carrera de extremos, sobresale el espacio libertario de Milei junto al PRO, y por el otro a un peronismo desordenado y en estado de permanente rebelión interna, demostrando serias dificultades para consolidarse como una alternativa competitiva. “Los oficiales más importantes de la tripulación del barco presidencial, nacieron bajo el signo del PRO”, dicen en obvia referencia a Santilli, Luis Caputo (Economía) y Patricia Bullrich (jefa del bloque en el Senado).
También la política económica y las graves denuncias de corrupción que envuelven al Gobierno nacional se destacan en el foco de análisis.
Frente a un contexto de convivencia doméstica cada vez más intensa, Kicillof decidió bajar el tono de la confrontación con el cristinismo y sigue repitiendo ante intendentes y legisladores cercanos la orden política de no responder a las provocaciones pese a la profunda interna con La Cámpora.
Por eso se inclinó por una decisión agridulce. La prioridad sigue siendo administrar la Provincia en un contexto económico complejo y con fuertes reclamos por fondos adeudados ante el Gobierno libertario, y postergar las definiciones políticas para cuando comience la negociación de candidaturas para la competencia electoral.
En la Gobernación de calle 6 sospechan que el coro de feroces críticas contra Kicillof no proviene sólo de dirigentes de primera y segunda línea de La Cámpora sino que fueron ordenadas desde “más arriba” y por eso después se fueron sumando intendentes y legisladores que aparecen posicionados en los cargos más relevantes de la Provincia.
“Parece que algunos están más preocupados por debilitar una potencial candidatura presidencial que por enfrentar a Milei y construir una alternativa en unidad para 2027. Todo es tan turbio que hasta daría la fea sensación que juegan a perder el año que viene”, se lamentan.
Dentro de la coalición gobernante bonaerense no pocos coinciden en que una ruptura en el oficialismo no sólo debilitaría al peronismo en la PBA y en la carrera hacia la Casa Rosada, sino que sería completamente funcional a las posibilidades electorales de LLA y sus aliados amarillos.