La Armada Argentina despidió oficialmente al Grumman S-2T Turbo Tracker, la última aeronave antisubmarina de su tipo en servicio a nivel mundial, en un emotivo sobrevuel rasante realizado frente a la Base Aeronaval Comandante Espora, en Bahía Blanca.
Con su retiro, concluye más de seis décadas de patrullaje marítimo y vigilancia del Atlántico Sur, una función que convirtió a este modelo en un símbolo de la defensa y del control del Mar Argentino.
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El adiós del histórico 2-AS-23 culminó tras meses de trabajos destinados a mantenerlo operativo para su último despliegue. En su vuelo final, el Tracker realizó un sobrevuelo rasante que recordó la misión que cumplió durante generaciones: monitorear miles de kilómetros de costa, detectar embarcaciones sospechosas y sostener la presencia argentina en aguas estratégicas.
Para la Aviación Naval, su baja representa el cierre de una tradición completa dentro de la Escuadrilla Aeronaval Antisubmarina.
La retirada de este sistema de armas coincide con la transición hacia una nueva etapa. La Armada avanza en la incorporación de aeronaves P-3C/N Orion, adquiridas a Noruega, que cuentan con mayor autonomía, tecnología de vigilancia moderna y capacidad de exploración oceánica.
Estos aviones asumirán la responsabilidad de patrullar el Atlántico Sur y sostendrán las operaciones de control marítimo en un contexto regional cada vez más exigente.

Un poco sobre su historia
El Tracker llegó a la Argentina en 1962, de la mano de la creación de la Escuadrilla Aeronaval Antisubmarina, y protagonizó algunos de los capítulos más relevantes de la Aviación Naval.
En 1982 participó activamente en la Guerra de Malvinas, cumpliendo misiones de exploración, patrullaje y búsqueda y rescate. Realizó más de 112 salidas sin sufrir pérdidas y fue condecorado con “Honor al Valor en Combate”.
Décadas después, su modernización bajo el programa TATA dio origen al S-2T Turbo Tracker, que extendió su vida útil y lo llevó a participar de ejercicios internacionales y operaciones de vigilancia pesquera.

Con el paso del tiempo, la escasez de repuestos y el desgaste estructural fueron limitando su actividad. Sin embargo, su figura siguió siendo una referencia obligada en la historia aeronaval.
Su despedida no solo marca la baja de un avión veterano, sino el final de una era: la última página de la aviación antisubmarina embarcada en la Armada Argentina, una capacidad que se remonta a los portaaviones ARA Independencia y ARA Veinticinco de Mayo.
El legendario Turbo Tracker se retira después de haber sido, para generaciones de aviadores, una extensión del mar argentino en el aire. Cuando plegue definitivamente sus alas, lo hará con el prestigio intacto y con el legado de una historia que, durante más de sesenta años, unió tecnología, vocación de servicio y soberanía.
