El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que habilita la imposición de aranceles a países que vendan o suministren petróleo a Cuba, una medida que la Casa Blanca justificó como necesaria para proteger la seguridad nacional y la política exterior estadounidense.
La decisión representa un nuevo endurecimiento de la postura de Washington hacia La Habana y llega en un momento crítico para la isla, que atraviesa una grave crisis energética y apenas logra cubrir cerca de la mitad de sus necesidades de generación eléctrica.
Según el texto difundido por la Casa Blanca, la medida responde a la existencia de una “emergencia nacional”, lo que permite al Ejecutivo iniciar un proceso para imponer aranceles adicionales ad valorem a las importaciones provenientes de países que comercialicen crudo con Cuba, ya sea de forma directa o indirecta.
La orden no especifica qué países quedarían alcanzados ni el porcentaje de los aranceles, aunque deja abierta la posibilidad de aplicar la sanción a cualquier mercancía originada en los Estados involucrados en el suministro energético a la isla.
El documento aclara además que Trump podrá modificar o suspender la medida si Cuba o los países afectados adoptan “pasos significativos” para alinearse con los objetivos de seguridad nacional y política exterior de Estados Unidos.
La nueva ofensiva contra Cuba se inscribe en un contexto regional marcado por recientes movimientos de Washington. Tras la operación militar que derivó en la caída del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, Estados Unidos pasó a controlar el sector petrolero venezolano, históricamente uno de los principales proveedores de crudo para la isla caribeña.
Trump advirtió entonces que Cuba debía negociar “antes de que sea demasiado tarde”, reforzando la idea de que La Habana se encuentra en el centro de la estrategia estadounidense en el hemisferio.
Desde la Casa Blanca se reiteraron acusaciones de larga data contra el gobierno cubano, al que se señala por respaldar a actores hostiles a Estados Unidos, entre ellos Rusia, China, Irán, Hamás y Hezbolá, además de promover la desestabilización regional mediante migración irregular y violencia.
La amenaza de aranceles se produce cuando Cuba enfrenta una situación energética extremadamente delicada. El país, sometido a un embargo estadounidense desde 1962, sufre desde hace al menos tres años una fuerte escasez de combustible que impacta de manera directa en la producción eléctrica, con apagones prolongados y frecuentes.
Actualmente, México se convirtió en uno de los proveedores clave de petróleo para la isla. Entre enero y septiembre del año pasado, la petrolera estatal Pemex exportó a Cuba unos 17.200 barriles diarios de crudo y 2.000 barriles de derivados, por un valor aproximado de 400 millones de dólares, según cifras oficiales.
Frente al anuncio de Washington, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum ratificó que su gobierno mantendrá una política de solidaridad con Cuba, pese al aumento de la presión estadounidense. Sheinbaum y Trump mantuvieron una conversación telefónica que ambos calificaron como “productiva”, aunque sin brindar detalles sobre el tema energético.
En su argumentación, la Casa Blanca sostuvo que el gobierno cubano “persigue y tortura a opositores políticos, niega la libertad de expresión y se beneficia de forma corrupta de las dificultades del pueblo cubano”, calificando estas acciones como una amenaza “inusual y extraordinaria” que requiere una respuesta inmediata.
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