La crisis estructural de inseguridad ciudadana bonaerense así como el indestructible “traslado de culpas” volvió a instalarse en el centro de la discusión política. El frente de tormenta progresó después de un formal pedido de informes de legisladores libertarios contra el Ejecutivo por la suba delictiva en la provincia, en principio, producto de múltiples factores socioeconómicos en el Conurbano.
Como botón de muestra, hasta un municipio gobernado por el peronismo como José C. Paz, bajo la conducción política del exintendente y actual senador y vicepresidente 1º del Senado, Mario Ishii, también exigieron al gobernador Axel Kicillof que refuerce la seguridad en medio de críticas opositoras.
Desde La Libertad Avanza se había pedido antes, casi sin posibilidades de que prospere, la interpelación del ministro de Seguridad, Javier Alonso, en la Legislatura. La polémica fue ganando volumen y a la Gobernación no le quedó otra opción coyuntural que utilizar una respuesta de manual político.
En este caso, el Ejecutivo recordó que el presidente Javier Milei dejó de enviar el Fondo de Fortalecimiento Fiscal que la PBA utilizaba, entre otras cuestiones, para la compra de patrulleros como programa de seguridad y cuestionó a la oposición libertaria con “estadísticas, gestión y reclamos” por cuestiones presupuestarias.
Unos y otros olvidaron un dato relevante. La ciudadanía bonaerense comenzó hace rato a exigir eficiencia en su demanda por mayor seguridad -tanto al oficialismo como a la oposición de turno- ante una antipática situación social que evidentemente no tiene, y tal vez no tenga, respuestas institucionales concretas para el mediano o largo plazo.
La situación, está claro, no tiene soluciones mágicas, por más pirotecnia verbal que asome en tiempos políticos preelectorales.
En paralelo, el peronismo alimenta la posibilidad de una fórmula para la sucesión bonaerense 2027 con formato de unidad. Para ese menú aparecen distintas recetas. El kirchnerismo puro y los futuristas que responden al actual gobernador ofrecen diferentes bandejas de precandidatos a la Casa de Gobierno de calle 6. Los renovadores del massismo tampoco pierden el tiempo porque tiene la aspiración de elevar su nivel de participación dentro de la coalición oficialista. Es un sistema que ya le dio buen resultado en lo legislativo cuando abrochó con actores ultra K la conducción anual rotativa de la presidencia de la Cámara de Diputados de calle 53.
Esa estratégica receta le permitiría al PJ elaborar una fórmula partidaria que podría clausurar, también, la competencia interna a través de las PASO.
La flamante Liga de Intendentes de inocultable parentesco directo con el kirchnerismo reclama que el próximo gobernador salga de la fidedigna tropa con presente o pasado en alguna parcela municipal. Y que el vice salga de aquel sector que suscriba el acuerdo por la fraternal unidad que buscará impedir la reelección de Milei.
El eje central pasa sustancialmente por bloquearle a LLA la posibilidad de abrir el enrejado portón de acceso a la principal sede estatal platense durante la próxima cita electoral. Como se puede advertir, el líder libertario más allá del libreto económico decidió incursionar en clave electoral en la campaña violeta bonaerense.
“Milei no es imbatible. Por el contrario, su programa económico lo transforma en vulnerable y eso ya quedó demostrado en términos electorales en la Provincia”, señalan en restringidas reuniones que se dan en el universo del PJ/ K para debatir diversos temas de la agenda política, bajo la premisa de cuidar la confidencialidad de las tertulias para evitar incómodas filtraciones y así prevenir confusiones o malentendidos.
No obstante la egocéntrica “guerra fría” doméstica sigue en estado de ebullición. Ahora fue la diputada y referente de La Cámpora, Mayra Mendoza, la encargada de destapar la olla a presión, cuando aún sin mencionar a Kicillof lo acusó de dividir al peronismo y lo liquidó al tratarlo de “desleal y desagradecido” con Cristina Kirchner.
Esa síntesis de la crisis de liderazgo gubernamental explica la difícil convivencia entre las tres patas principales de la coalición oficialista de “Fuerza Patria” cuando se mueven por cuerda separada sin encontrar un hilo pacificador capaz de ordenar las diferencias internas.
La foto actual abre distintas hipótesis: Kicillof estimula actos como demostración de fuerza con proyección nacional; Sergio Massa sigue negando la posibilidad de querer competir por la Gobernación mientras recupera territorialidad y va plantando señales como uno de los posibles aspirantes a hechizar el sueño reeleccionista de Milei en las presidenciales 2027, mientras el núcleo duro del kirchnerismo continúa sosteniendo como bandera la consigna “Cristina libre” reivindicando la candidatura de la expresidenta inhabilitada para ejercer cargos públicos.
“La situación económica, productiva y social que está viviendo Argentina es asfixiante”, refrenda el ministro y armador kicillofista, Carlos Bianco, tras repasar indicadores socioeconómicos y actualizar las deudas que el Gobierno nacional mantiene con la Provincia.
Según asegura, la Casa Rosada cayó en estado de morosidad con una deuda total impaga que asciende casi a los 20 billones de pesos con la gestión Kicillof. Al mismo tiempo, el sindicalismo estatal que incluye al sector docente volvió a acorralar al Gobernador, debilitado presupuestariamente por el ajuste libertario, con un reclamo para definir una suba salarial para el último trimestre del año.