
El presidente francés Emmanuel Macron propuso a su par estadounidense, Donald Trump, la realización de una cumbre del G7 en París el próximo jueves 22 de enero de 2026, con la particularidad de abrir la puerta a la participación de Rusia, aunque de manera informal y al margen de la reunión principal.
La iniciativa se conoce cuando se aproxima el cuarto aniversario del inicio de la guerra en Ucrania y en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas persistentes.
La propuesta fue realizada a través de un mensaje privado dirigido a Trump, que el propio mandatario estadounidense decidió hacer público en su red social. En ese intercambio, Macron plantea una reunión presencial tras el Foro Económico Mundial de Davos, al que Trump tiene previsto asistir desde el miércoles 21 de enero.
La iniciativa refleja la voluntad de Francia de utilizar su presidencia del G7 como una plataforma activa de diálogo internacional. La propuesta no se limita al regreso simbólico de una cumbre europea, sino que introduce un elemento disruptivo: la invitación a actores que hoy están fuera del formato tradicional del G7.
Además de Rusia, Macron mencionó la posibilidad de convocar, al margen de la cumbre, a Ucrania, Dinamarca y Siria. El gesto apunta a generar un espacio de conversaciones paralelas en un momento en el que los canales diplomáticos formales se encuentran debilitados o directamente bloqueados.
Desde el entorno presidencial francés subrayaron que esta iniciativa demuestra coherencia entre su discurso público y privado, y refuerza la idea de que París busca posicionarse como un mediador activo en los principales conflictos internacionales.
El contenido del mensaje revela el tono directo y personal con el que Macron buscó captar la atención de Trump. “Amigo mío, estamos completamente de acuerdo en el tema de Siria. Podemos hacer grandes cosas en Irán. No entiendo qué haces en Groenlandia”, escribió el mandatario francés, en una referencia explícita a las recientes declaraciones del presidente estadounidense sobre ese territorio estratégico.
A partir de ese marco, Macron avanzó con su propuesta concreta: organizar una reunión del G7 en París el jueves por la tarde, después de Davos, y cerrar la jornada con una cena bilateral antes del regreso de Trump a Estados Unidos. “Puedo invitar a los ucranianos, daneses, sirios y rusos al margen de la reunión”, agregó, firmando el mensaje simplemente como “Emmanuel”.
La invitación a Rusia, aunque informal, supone un movimiento diplomático delicado. Desde la expulsión de Moscú del entonces G8 tras la anexión de Crimea en 2014, su reincorporación ha sido un tema sensible dentro del bloque de las principales economías occidentales.
La eventual presencia de representantes rusos, aunque fuera de la cumbre oficial, reabre el debate sobre la necesidad —o no— de retomar canales de diálogo con el Kremlin en medio del conflicto en Ucrania. Para Macron, la inclusión “al margen” busca evitar una ruptura del consenso formal del G7, al tiempo que habilita conversaciones que hoy parecen estancadas.
En paralelo, la mención explícita a Ucrania busca equilibrar el gesto y evitar interpretaciones que puedan leerse como un aval implícito a Moscú. Francia mantiene una postura de apoyo a Kiev, pero también ha insistido en la importancia de no cerrar definitivamente las puertas a una salida negociada.
Por el momento, no hubo una respuesta oficial de Trump a la propuesta. Tampoco está claro si el resto de los países del G7 vería con buenos ojos una iniciativa de estas características. Sin embargo, el solo planteo vuelve a colocar a Macron en el centro de la escena diplomática y anticipa un inicio de año cargado de movimientos estratégicos.
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