Se cumple un nuevo aniversario de uno de los escándalos más grandes que mancharon al deporte olímpico. En 1994, se dio una disputa de película (que luego fue llevada al cine en varias ocasiones) entre las patinadoras estadounidenses Nancy Kerrigan y Tonya Harding. La frase «el fin justifica los medios» se adapta perfectamente a esta trágica historia.
En cuestión, el evento conocido como “El golpe que se oyó en todo el mundo” conmocionó al patinaje artístico estadounidense cuando la campeona nacional Nancy Kerrigan fue agredida físicamente en su pierna derecha, cerca de la rodilla, para dejarla incapacitada y que no pueda participar de los Juegos Olímpicos de invierno de ese año. La gran beneficiada de esta lesión fue Tonya Harding, pero luego la Justicia descubrió que todo se trató de un macabro plan premeditado.
Aquel ataque ocurrió un día antes de su participación en el Campeonato Nacional de Patinaje Artístico de Estados Unidos, competencia clave para definir quiénes representarían al país en los Juegos Olímpicos de Invierno que se realizaron en Lillehammer, Noruega, en 1994.
Cuando Kerrigan se dirigía al vestuario, un hombre corpulento vestido de negro se le acercó y le pegó en la pierna con una barra de metal. “¿Por qué? ¿Por qué? Me duele mucho. ¿Por qué a mí?”, fue el ya famoso grito de Kerrigan mientras permanecía en el suelo, herida e incapacitada. La imagen fue tapa de muchos diarios y portales.
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El antes y el después del golpe quedó registrado por una cámara de TV que mostró cómo Kerrigan terminó de entrenar y se dirigía a los vestuarios. Se escuchó un grito y la cámara se dirigió hasta un pasillo donde encontraron a la patinadora tirada y llorando.
Las investigaciones sobre el ataque se intensificaron días después, cuando el FBI empezó a indagar una denuncia que involucraba al ex esposo de Harding, Jeff Gillooly, y a su guardaespaldas, Shawn Eckardt.
Un día después, Eckardt confesó su participación ante las autoridades, implicando en el complot a Gillooly, a la propia Harding y a sus conocidos Shane Stant y Derrick Smith.
A partir de allí, el caso tomó trascendencia nacional y se convirtió en un escándalo o, practicamente, un drama de telenovela.
Stant, quien finalmente fue condenado como el autor material del ataque, recibió 6.500 dólares por llevarlo a cabo, mientras que Smith actuó como conductor del vehículo de huida y se entregó rápidamente a la policía.
A su vez, Gillooly se entregó a la policía tras emitirse una orden de arresto en su contra. Una semana después, Gillooly confesó y se señaló a sí mismo, a Harding, a Eckardt, a Stant y a Smith como partícipes del ataque.
Un mes después, se lo declaró culpable de asociación ilícita y fue sentenciado, en julio de ese año, a dos años de prisión y una multa de 100.000 dólares.
Tras prolongadas discusiones entre la Asociación Estadounidense de Patinaje Artístico y el Comité Olímpico de Estados Unidos, finalmente el 12 de febrero se acordó que Harding participaría en los Juegos de Noruega.
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La rubia no estaría sola y, a contramano de sus deseos, Kerrigan finalmente logró llegar a competir en condiciones. El interés mediático alcanzó cifras históricas, ya que aproximadamente el 70% de los televisores en Estados Unidos, es decir, 110,5 millones de espectadores, sintonizaron la transmisión de la competencia por CBS.
El torneo tuvo «final feliz». La villana finalizó octava tras reportar entre lágrimas un problema con una de las agujetas de sus patines. Mientras que la víctima ofreció una actuación casi impecable y obtuvo la medalla de plata, quedando muy cerca del oro, que fue para Oksana Baiul de Ucrania.
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Años después, las repercusiones legales continuaron más allá de los Juegos Olímpicos. El 16 de marzo de 1994, Harding se declaró culpable de obstrucción a la Justicia y fue sentenciada a tres años de libertad condicional, 500 horas de servicio comunitario y al pago de 160.000 dólares. No recibió condena de prisión.
Stant y Smith, tras declararse culpables de asalto en segundo grado, recibieron una condena a 18 meses de cárcel cada uno.
Eso no fue todo para Harding, ya que lo peor llegó el 30 de junio de 1994: la Asociación Estadounidense de Patinaje Artístico la expulsó de por vida de la organización y la despojó de su título nacional de 1994, lo que puso fin a cualquier posibilidad de continuar su carrera profesional dentro del patinaje, ya fuese como competidora o entrenadora.
El impacto mediático y cultural del caso trascendió el ámbito deportivo y llegó a la ficción. Productores de cine y televisión estaban ansiosos por recrear este drama en la pantalla grande.
Por ejemplo, Seinfeld incluyó una parodia del escándalo en un episodio al igual que en programas como Comedy Central, Late Night with Conan O’Brien y Saturday Night Live durante 1994.
En diciembre de 2017 se estrenó la película «I, Tonya (Yo, Tonya)», una aproximación que, a diferencia de parodias previas, abordó el caso con mayor profundidad. El filme, protagonizado por Margot Robbie en el papel de Harding, se centró en las relaciones de la patinadora con su madre, supuestamente abusiva (interpretada por Allison Janney, ganadora del Oscar por este papel), y con Gillooly (interpretado por Sebastian Stan).
Harding tuvo que vender los derechos de su historia para el proyecto. Luego declaró al diario The New York Times que la película le parecía “magnífica”.
Ambito.-
