La poda de fondos nacionales a la Provincia, ordenada por el presidente Javier Milei, condiciona claramente el ejercicio del poder político que realiza el gobernador Axel Kicillof para sostener la gestión económica y de obra pública en tierras bonaerenses.
El argumento que esgrimen en la Casa de Gobierno platense es que ese debilitamiento presupuestario obliga al mandatario provincial a malabares económicos para garantizar gastos corrientes, como el pago de salarios, asegurar el funcionamiento normal de los servicios educativos, sanitarios y de seguridad, y hasta cumplir con los vencimientos de la deuda tomada por la exgobernadora María Eugenia Vidal, ya que dejar de pagar implicaría entrar en default y perder el siempre frágil acceso a créditos internacionales.
En ese contexto adverso, no pocos intendentes también le reclaman a la PBA por fondos adeudados a los municipios ya que sostienen que las transferencias por distintos conceptos están llegando por goteo a cada uno de los 135 distritos.
Como si no fueran suficientes inconvenientes, la agenda institucional bonaerense decidió abrir anticipadamente, de manera virtual, un paraguas para prevenir cualquier imprevisto climático en medio de los preparativos por la llegada de la corriente de “El Súper Niño”, un fenómeno climático extremo que, según anticipan, traerá lluvias y tormentas severas de acá a fin de año, lo que implica un riesgo directo de inundaciones urbanas y rurales.
Ante esa posibilidad preocupante, el Gobierno provincial tomó la decisión de trabajar en conjunto con los intendentes para analizar soluciones frente a posibles escenarios de excedentes hídricos. Saben de sobra que el impacto negativo de algún evento meteorológico no deseado podría empantanar prematuras postulaciones para 2027.
Mientras tanto, y de manera bastante repentina, la grieta ideológica volvió a mostrar sus dientes, profundizando aún más el clima de fragmentación social. Sucedió días atrás, cuando el ministro de Economía, Luis Caputo, calificó a Kicillof como el “Anticristo” por la incertidumbre de algunos inversores ante una eventual vuelta al poder del peronismo.
Al menos en lo discursivo, el funcionario libertario terminó subiendo al ring al gobernador como principal adversario de un eventual electoral “Frente Anti Milei”.
“Ya estamos en recesión, por más que el Presidente lo niegue. Desde la Provincia vamos a seguir trabajando con los municipios, ya que los intendentes son el primer mostrador de queja de los vecinos, para que el Gobierno nacional entienda que está mandando a la gente a un precipicio en el que ya no alcanzan los ingresos”, remarcó Carlos Bianco, ministro y armador político de Kicillof, ante el efecto tobogán de la economía libertaria.
Por cuerda separada, la discusión dentro del PJ bonaerense sigue lejos de quedar resuelta y cualquier construcción electoral versión 2027 deberá convivir con todos los sectores partidarios, incluyendo miradas divergentes sobre el andar económico y social, y también sobre el propio futuro del justicialismo.
Algunos, incluso, no descartan reeditar aquella histórica interna de 1988, cuando los afiliados definieron entre el entonces gobernador riojano, Carlos Menem, y su par bonaerense, Antonio Cafiero, quién sería el candidato presidencial para enfrentar al radical cordobés Eduardo Angeloz en los comicios de 1989.
La coyuntura partidaria inspiró a varios a recordar aquel capítulo, un verdadero hito dentro de la historia peronista. Según coinciden algunas voces en las diagonales, un enfrentamiento en primarias entre Kicillof y Cristina Kirchner -si es que mantiene su “voluntad” de ser candidata o de imponer el nombre que ella decida- no sólo ayudaría a dirimir quién sería el oponente de los libertarios, sino que además permitiría ordenar y fortalecer la unidad en todos los niveles, tanto en Nación como en la Provincia.
Pero el principal problema es que el gobierno de Javier Milei quiere derogar la ley de las PASO, amparándose principalmente en el ahorro económico que implicaría la anulación de esa instancia electoral previa.
No es el único inconveniente electoral de cara al año próximo: también sigue en pausa aquel proyecto legislativo que planteaba reestablecer la reelección indefinida de intendentes y legisladores, una iniciativa que sigue atascada por las desconfianzas dentro del propio peronismo. Si esa ley, que elimina el límite de dos mandatos consecutivos, no cambia, unos 80 alcaldes -de todo el arco político- no podrán competir por otro mandato.
La borrosa guerra fría entre La Cámpora y la mesa política del kicillofismo permite plantear distintas hipótesis en torno de la figura de la expresidenta, quien mantiene centralidad absoluta dentro del PJ por su peso electoral, en especial en los sectores más vulnerables del conurbano bonaerense.
Una larga lista de elementos separa los contextos de aquella recordada elección del ‘88 entre Menem y Cafiero con una eventual -y posiblemente explosiva- interna entre kirchneristas y kicillofistas.
Es exactamente en ese punto del análisis político donde aparece la disyuntiva de acordar o enfrentarse en las urnas. Unos y otros saben que no pueden subestimarse ni en términos políticos ni electorales.
En ese terreno de conjeturas, y como sucede en cada 17 de octubre, se acerca el tradicional “Día de la Lealtad”, una fecha más que representativa para los partidarios del movimiento creado por Juan Domingo Perón en el lejano 1945.