El mercado financiero corrigió al alza sus proyecciones cambiarias y anticipa un salto más marcado del dólar hacia fin de año. De acuerdo con las estimaciones relevadas en el último informe del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), el tipo de cambio oficial podría cerrar 2025 en $1.536 por unidad, lo que implicaría un incremento interanual del 50,5%.
La proyección es 9,3 puntos porcentuales superior a la registrada en el relevamiento previo, reflejando un ajuste en las expectativas respecto de la dinámica cambiaria para los próximos meses.
La suba esperada del dólar se ubica muy por encima de la inflación proyectada para el mismo período, que alcanza el 29,8%. Esta diferencia marca un cambio en la relación entre precios y tipo de cambio, que durante gran parte del año se mantuvo más alineada.
El mercado asume que el Gobierno permitirá un mayor deslizamiento del tipo de cambio hacia fin de año, posiblemente como forma de corregir el atraso acumulado tras meses de apreciación real, en un contexto de moderación inflacionaria.
A doce meses, las expectativas también muestran una aceleración del ritmo de devaluación. Para el segmento mayorista, el mercado prevé un aumento del 24,1%, un registro levemente superior al 21,8% que se estima para la inflación del mismo lapso. Esta convergencia indica que no se espera un salto brusco inmediato, pero sí un deslizamiento más sostenido en el tiempo, en línea con la estrategia oficial de mantener un crawling peg más activo que en el primer tramo del año.
El diferencial entre la expectativa de inflación y la evolución del tipo de cambio oficial refleja además la incertidumbre sobre la política cambiaria para el último trimestre y comienzos de 2026. La baja de la inflación, impulsada por la recesión y la disciplina fiscal, se enfrenta ahora con el desafío de evitar un atraso cambiario que complique el frente externo y afecte la competitividad de las exportaciones. En este escenario, el mercado interpreta que una corrección gradual del dólar es inevitable.
La nueva estimación implica un contexto distinto para sectores importadores y exportadores, para la política monetaria y para los precios internos. Un dólar más alto hacia fin de año puede incidir sobre expectativas inflacionarias, especialmente si se acelera el ritmo de ajuste sin un anclaje fiscal sólido que lo acompañe. Al mismo tiempo, podría mejorar los ingresos de los sectores exportadores, que vienen reclamando un tipo de cambio más competitivo para sostener márgenes.
Las proyecciones también pueden tener impacto en la estrategia financiera de empresas y hogares. Un salto del tipo de cambio en un contexto de inflación descendente podría reconfigurar decisiones de inversión, cobertura y consumo, modificando la dinámica de dolarización que había mostrado señales de estabilidad en los últimos meses. El margen de maniobra del Gobierno dependerá de su capacidad para administrar la transición sin desanclar precios ni provocar tensiones en el mercado cambiario paralelo.
