
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, aceptó la invitación del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para formar parte de la Junta de Paz creada por la Casa Blanca con el objetivo de supervisar el cumplimiento del alto el fuego en la Franja de Gaza y coordinar la etapa de reconstrucción tras más de dos años de conflicto armado.
La decisión, confirmada por la oficina del mandatario israelí, marca un nuevo capítulo en la compleja transición del escenario bélico hacia una etapa de posguerra aún cargada de incertidumbre.
Según el comunicado oficial, Netanyahu se incorporará al denominado Consejo Supremo de Paz, un órgano que, de acuerdo con la definición de Washington, estará integrado por líderes mundiales y tendrá como misión “proporcionar supervisión estratégica, movilizar recursos internacionales y garantizar la rendición de cuentas mientras Gaza pasa del conflicto a la paz y el desarrollo”. La amplitud de esas funciones, que no parecen limitarse exclusivamente al territorio palestino, ya genera debate en el plano diplomático.
Desde la Casa Blanca destacan que la Junta de Paz busca reunir a actores clave con capacidad de decisión para evitar el colapso del alto el fuego y asegurar fondos internacionales destinados a la reconstrucción. El cuerpo no se limita a aliados tradicionales de Estados Unidos.
Según trascendió, decenas de países y líderes mundiales recibieron invitaciones para integrar el organismo, incluidos socios estratégicos y también actores que mantienen relaciones tensas con Washington.
Entre quienes confirmaron haber recibido la propuesta se encuentran el presidente argentino Javier Milei, su par de Paraguay Santiago Peña y el mandatario de Turquía, Recep Tayyip Erdogan. En el caso de Rusia, el Kremlin informó que el presidente Vladimir Putin recibió la invitación “por canales diplomáticos”, aunque sin confirmar aún una respuesta definitiva.
Esta amplitud de convocatorias refuerza la idea de que la iniciativa de Trump busca construir un marco de gobernanza internacional alternativo o complementario a los mecanismos multilaterales tradicionales, una característica que explica tanto los apoyos como los rechazos que comenzó a generar.
No todos los actores internacionales miran con buenos ojos la propuesta estadounidense. Francia confirmó que rechazó la invitación para formar parte de la Junta de Paz, al considerar que el planteo excede el marco del conflicto en Gaza y abre interrogantes sobre el respeto a los principios y estructuras de las Naciones Unidas.
Desde el entorno del presidente Emmanuel Macron señalaron que la iniciativa plantea cuestiones sensibles en relación con el sistema multilateral vigente, que no pueden ser relativizadas. Noruega, otro actor con tradición en procesos de mediación internacional, también expresó su negativa a sumarse al órgano impulsado por Trump.
Estos rechazos reflejan una división en la comunidad internacional respecto de cómo encarar la reconstrucción de Gaza y qué rol deben jugar los mecanismos multilaterales existentes frente a nuevas instancias de poder impulsadas desde Washington.
Para Donald Trump, la creación de la Junta de Paz se inscribe en una estrategia más amplia de liderazgo internacional, con fuerte impronta personal y foco en resultados concretos. El mandatario estadounidense busca posicionarse como un actor central en la resolución de uno de los conflictos más prolongados y sensibles de Medio Oriente, aun a costa de tensar relaciones con algunos socios europeos.
El desafío será transformar esa ambición política en avances reales sobre el terreno. La reconstrucción de Gaza requerirá no solo recursos financieros, sino también acuerdos políticos duraderos, garantías de seguridad y una administración civil capaz de sostener el proceso en el tiempo.
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