Con una gestión gubernamental en virtual pausa por vaivenes económicos y con una Legislatura desbordada de trifulcas internas entre fuerzas del oficialismo y de la oposición, lo que resta del año parece ser una escala de pasajeros en tránsito hacia la estación electoral 2027, todavía en pleno proceso de maduración.
La agenda política provincial parece intentar tirar la pelota para adelante en el terreno de las definiciones, en un intento por mostrarse dialoguistas en tiempos de aparente insensibilidad y con una marcada fragmentación social, como viene advirtiendo la Iglesia Católica a menos de un mes para la llegada del Papa León XIV a la Argentina.
Ese diagnóstico eclesiástico vuelve a poner el acento frente a una pregunta que incomoda al discurso libertario: hasta dónde la evolución de los números de recuperación económica se traducen efectivamente en una mejora de la vida cotidiana.
Mientras tanto, en el plano comunicacional, la mesa chica del gobernador Axel Kicillof no abandona su libreto, combinando furiosas críticas contra el modelo económico de Javier Milei, particularmente dañino por las continuas restricciones presupuestarias. Los libertarios, a modo de única respuesta, les sugieren recortar el gasto público militante en estructuras ministeriales.
Según declara el ministro Gabriel Katopodis, la Provincia mantiene la inversión en infraestructura municipal pese a la caída de recursos y al freno de obras con financiamiento nacional. La lentitud del Ejecutivo en remitir las leyes de Presupuesto y Fiscal Impositiva a la Legislatura podría estar vinculada con una supuesta decisión gubernamental de atravesar el último año de Kicillof con presupuesto prorrogado.
La razón política parece sencilla de explicación: “El horno legislativo no está para bollos por la interna del PJ y, además, Kicillof tiene el aval para tomar deuda en dólares que ya le votamos en diciembre. Con eso tiene margen de maniobra para gobernar”, aseguran en mesas de café del denominado Patio del Anexo, un espacio gastronómico ubicado en el interior de la Cámara de Diputados.
Esa hipótesis comienza a ganar cierta relevancia a partir del complejo escenario entre el cristinismo duro y el sector que reporta al Gobernador. Hace poco más de un mes, Kicillof mandó a su ministro de Economía, Pablo López a cruzar los dedos y demorar el envío de la denominada Ley de Leyes, una hoja de ruta de “cálculos y recursos” que, en esta ocasión, tiene la particularidad de ser la última de la gestión kicillofista antes del traspaso de diciembre de 2027.
La parsimonia no hizo más que alimentar el clima de suspenso en el palacio legislativo. Además, la Corte bonaerense reclama una ley para se avance con su autonomía presupuestaria y financiera, aunque probablemente detrás de esa decisión también haya un mensaje implícito a Kicillof para cubrir las cuatro vacantes en el máximo tribunal de Justicia que, en la actualidad, funciona con sólo tres de sus siete miembros.
Hace poco en esferas legislativas se pidió que la cobertura de sillas ministeriales quede en manos del gobernador que asuma el año próximo. En términos políticos, Kicillof no tiene margen para resbalar por esa atmósfera de desconfianzas mutuas con el kirchnerismo legislativo. Aun cuando algunos proyectos del Ejecutivo como, por ejemplo, la integración del sistema sanitario y la creación de un laboratorio estatal de medicamentos, siguen en lista de espera, al igual que las reformas al régimen electoral bonaerense.
Eso permite pronosticar que si la negociación contiene múltiples exigencias, tanto con Fuerza Patria como con los bloques de la oposición, podría gobernar sin presupuesto durante el próximo ejercicio, recurriendo a la herramienta constitucional de reorientar partidas para garantizar la continuidad del funcionamiento estatal e incluso los porcentajes de coparticipación hacia los municipios según la evolución de los ingresos por recursos nacionales y la recaudación impositiva provincial.
A ese dato técnico se suma la ejecución del endeudamiento por más de 3.600 millones de dólares autorizado a fines del año pasado por la Legislatura después de un prolongado proceso de discusión que derivó en un texto final con múltiples herramientas financieras, la creación de fondos específicos para los distritos y la condonación de deudas acumuladas por intendentes durante años anteriores.
En una época de construcción política, la falta de consensos parlamentarios por la interna de peronistas y demás fuerzas opositoras neutraliza no pocas discusiones estructurales. Por ahora, las sesiones ordinarias para sumar a las estadísticas avanzan únicamente sobre expedientes con determinado acuerdo puntual o alguna visibilidad mediática.
Existen algunos gestos de proximidad dentro de la coalición oficialista legislativa que permiten no agravar la relación entre los múltiples sectores peronistas, incluidos aquellos sin “terminal política”, término que se utiliza habitualmente en la jerga parlamentaria para describir a aquellos diputados o senadores que no responden de manera directa a ninguna estructura tradicional dentro del esquema del PJ, donde la crisis de liderazgo partidario ya es algo frecuente.
A falta de un año para las elecciones bonaerenses y, entre secretos y múltiples operaciones que nadie se atreve a explicitar en público, ya existe una abundante -y por ahora irrelevante- cantidad de candidatos a suceder a Kicillof y otros dispuestos a competir por intendencias ante las urnas.