De Pantriste y la masacre de Carmen de Patagones a la alumna mendocina de La Paz: las trágicas historias en las aulas

De Pantriste y la masacre de Carmen de Patagones a la alumna mendocina de La Paz: las trágicas historias en las aulas

Las masacres en las escuelas cometidas por alumnos contra sus propios compañeros parecían un drama de Estados Unidos muy lejos de la realidad argentina. Pero en agosto de 2000 la violencia armada irrumpió en las aulas con el caso conocido como Pantriste, el chico que mató a un compañero e hirió a otro. Cuatro años después, la conocida masacre escolar de Carmen de Patagones, donde murieron 3 alumnos.

En Mendoza, a fines del 2025, una alumna llevó una pistola a su escuela de La Paz y, si bien no llegó a desatar una tragedia, su historia tuvo impacto nacional.

Con lo ocurrido en la localidad de San Cristóbal, Santa Fe, ya son tres los casos de violencia con armas en escuelas argentinas.

El caso que cambió la mirada sobre el bullying en Argentina

El 4 de agosto del año 2000, la tranquilidad de la Escuela de Educación Media Nº 2 de Rafael Calzada se rompió para siempre. No fue un accidente, sino el estallido de un joven que, tras años de humillaciones, decidió empuñar un arma. Javier Portillo, apodado despectivamente como “Pantriste” por su parecido con el personaje de García Ferré, pasó de ser la víctima silenciosa al protagonista de una de las crónicas policiales más dolorosas de Argentina.

Portillo tenía 19 años y cursaba el primer año del polimodal. Su timidez y su contextura física lo habían convertido en el blanco constante de burlas por parte de sus compañeros. Aquella mañana, tras recibir una nueva tanda de insultos, Javier regresó a su casa, tomó una pistola calibre 22 de su padre y volvió al colegio.

El desenlace fue fatal. Disparó contra un grupo de compañeros. Mató a Mauricio Salvador (16) e hirió gravemente a Darío Ávalos (16).

La defensa de Portillo argumentó que el joven vivía en un estado de alienación producto del maltrato constante. Finalmente, fue declarado inimputable por la Justicia, al determinarse que no pudo comprender la criminalidad de sus actos en el momento del ataque debido a un brote psicótico.

La masacre de Carmen de Patagones

El 28 de septiembre de 2004, “Junior” entró a su aula y desató el primer tiroteo escolar masivo del país.

Aquella mañana de martes, el saludo a la bandera en la Escuela de Enseñanza Media N° 2 “Islas Malvinas” parecía uno más. Sin embargo, minutos antes de las 8, el estruendo de una pistola 9 milímetros propiedad de un suboficial de la Prefectura Naval cambió la historia educativa y criminal de la Argentina para siempre. Rafael “Junior” Solich, de entonces 15 años, vació el cargador contra sus compañeros de primer año del polimodal.

Junior no era un alumno problemático en el sentido tradicional; era el “chico invisible”, retraído y silencioso. Pero aquel día, vestido de negro y con un chaleco militar bajo su campera, decidió dejar de serlo. En solo segundos, el aula se transformó en un escenario de guerra:

Federico Ponce, Evangelina Miranda y Sandra Núñez perdieron la vida. Otros cinco adolescentes resultaron gravemente heridos.

El tirador solo se detuvo cuando el cargador se trabó o se quedó sin balas, siendo interceptado por un compañero en el pasillo.

A diferencia de otros casos, el destino de Rafael Solich ha estado rodeado de un hermetismo casi total. Al ser menor de 16 años al momento del hecho, fue declarado inimputable.

A lo largo de estas dos décadas, su vida ha transcurrido entre institutos de menores y clínicas psiquiátricas. Hoy, a sus 36 años, poco se sabe de su paradero exacto. Ha tenido salidas transitorias y formó una familia, pero mantuvo el anonimato.

La alumna atrincherada de La Paz

En septiembre de 2025, la tranquilidad de la escuela Galileo Vitali de La Paz, en Mendoza, se vio alterada por una alumna de 14 años llevó un arma al aula, disparó y, al hacerlo, desató una investigación que hoy tiene a un celador tras las rejas. La historia es distinta a los casos anteriores, pero pudo haber resultado una tragedia.

La situación escaló en segundos. Tras escucharse una detonación dentro del aula, la alumna permaneció armada y se atrincheró. La incertidumbre se apoderó de padres y docentes hasta que, tras una tensa negociación, la menor entregó el arma voluntariamente.

El acto de la menor no habría sido un ataque aleatorio, sino un desesperado grito de atención. Meses después del incidente, la justicia ordenó la detención de un celador del colegio, acusado de haber abusado sexualmente de la alumna.

Mientras el celador permanece detenido y a disposición de la fiscalía, la adolescente recibe acompañamiento integral.

Share This Article