Hui Ka Yan, fundador de China Evergrande Group, fue condenado este jueves a cadena perpetua por un tribunal de Shenzhen, cinco años después de aparecer junto a las principales figuras políticas de China en las celebraciones por el centenario del Partido Comunista. El empresario de 67 años, que llegó a ser el hombre más rico de Asia, terminó así convertido en el rostro del colapso inmobiliario chino.
En abril se había declarado culpable, después de permanecer tres años detenido, de ocho cargos que incluyen malversación de fondos, fraude en la recaudación de fondos y apropiación indebida de depósitos públicos.
Cómo Hui Ka Yan construyó su fortuna
Hui nació en una zona rural de Henan y fue criado por su abuela. Antes de construir su fortuna, trabajó como técnico siderúrgico y comenzó a crecer con la venta de viviendas de bajo precio.
Bajo su dirección, Evergrande apostó por el endeudamiento y la expansión acelerada, hasta convertirse en la principal promotora inmobiliaria de China. En 2020 alcanzó ventas por unos 700.000 millones de yuanes, equivalentes a u$s100.000 millones.
En 2017, Hui llegó a tener una fortuna de u$s45.300 millones y fue considerado el hombre más rico de Asia. Para 2023, su patrimonio se había reducido a unos u$s3.000 millones y ahora el tribunal ordenó confiscar todos sus bienes personales.
La caída de Evergrande y la crisis inmobiliaria china
Evergrande acumuló un enorme nivel de deuda y, meses después de que Hui participara en las celebraciones del Partido Comunista en Pekín, incumplió sus obligaciones en el extranjero. La empresa terminó en liquidación y se convirtió en uno de los principales símbolos de la crisis inmobiliaria china.
Los reguladores ya habían advertido sobre la situación financiera de la compañía y el riesgo de un efecto contagio en la economía. Los liquidadores de Evergrande, designados por un tribunal de Hong Kong, no hicieron comentarios sobre la sentencia.
Fútbol, autos eléctricos y vínculos con empresarios de Hong Kong
Durante la expansión de Evergrande, Hui diversificó sus negocios hacia los autos eléctricos y el fútbol, dos sectores vinculados con los intereses del presidente Xi Jinping.
También se relacionó con empresarios de Hong Kong y formó parte del llamado “club del póker”, un grupo de magnates que realizaba inversiones en conjunto. Según una fuente, Hui solía perder grandes cantidades de dinero deliberadamente en las partidas, una actitud que le permitió ganarse la simpatía de Cheng Yu Tung, fundador de New World Development.
En 2009, un año antes de la salida a bolsa de Evergrande en Hong Kong, Cheng aportó u$s150 millones a la compañía. El dinero ayudó a la empresa a atravesar una crisis vinculada con su expansión y el contexto de la crisis financiera internacional.
El empresario que defendía el aporte de Evergrande a China
Hui también cultivó una imagen asociada con la filantropía y el respaldo a las políticas nacionales. En 2018 recibió por octavo año consecutivo un reconocimiento en los Premios de Caridad de China y aseguró que Evergrande había pagado 185.000 millones de yuanes en impuestos y donado más de 10.000 millones.
El empresario también atribuyó su ascenso a las políticas del Estado chino. En aquel discurso afirmó: “Sin la política del país de reformar la educación superior, no habría podido salir del pueblo. Sin la beca de 14 yuanes mensuales que me concedió el país, no habría podido terminar la universidad”.
Luego agregó: “Sin la buena política de reforma y apertura del país, Evergrande no se habría convertido en lo que es hoy. Por lo tanto, todo lo que Evergrande y yo tenemos, nos lo ha dado el partido, el país y la sociedad”.
Cinco años después de aquella aparición en Pekín, su situación cambió por completo. Hui pasó de ser uno de los símbolos del auge inmobiliario chino a representar su derrumbe, en medio de una crisis que todavía afecta a la segunda economía mundial.

