Según informó la Policía del Chaco, el agresor—identificado como E.G.A., de 40 años, con varios antecedentes penales—entró al kiosco con el rostro cubierto por una capucha. No le importó la presencia de cámaras y, tras exigir el dinero, la atacó físicamente de manera brutal.
A pesar de los intentos del ladrón por no dejar rastros, los efectivos del 911 y la comisaría Quinta lograron identificarlo gracias a un detalle clave: los tatuajes que lleva en una de sus manos, grabados nítidamente por las cámaras de seguridad. La investigación y la respuesta policial fueron inmediatas; en cuestión de horas, Aguirre ya estaba detenido y fuera de las calles.
El caso es un reflejo de la escalada de violencia con la que actúan algunos delincuentes en la ciudad, recurriendo a la brutalidad incluso cuando las víctimas son mujeres y están indefensas. Las imágenes captadas muestran la crudeza del ataque y servirán como prueba clave en la causa judicial.
El fiscal Gustavo Valero ordenó la detención del acusado y prepara su imputación, prometiendo aplicar todo el peso de la ley. Afortunadamente, la rápida acción de la policía y el apoyo tecnológico de las cámaras de seguridad permitieron sacar de circulación a otro violento asaltante, llevando un poco de alivio a los vecinos.
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