Buenos Aires, 8 septiembre (NA) – La actriz Vanesa González se pone en la piel de la primera gran escultora de Argentina y América, Lola Mora, en una obra que recorre la vida y la obra de la artista, pero pone el foco en su gran trabajo, la Fuente de las Nereidas y, en este sentido, González sostuvo que Mora consideraba “un error” haber nacido mujer, en el contexto en el que vivió.
La actriz no tiene reparo en mostrar su expectativa a días del estreno de La fuente de Lola, tal es así que, en diálogo con la Agencia Noticias Argentinas, reveló que “tiembla de nervios”, de cara al próximo espectáculo: “Pasan los años y tengo la misma incertidumbre del principio”. Sin embargo, explicó que está “muy feliz pese a los nervios y al miedo que implica estrenar”.
Esa alegría de González se compatibiliza con “el momento que transitamos” como sociedad y la aparición de “una obra sobre una mujer tan fuerte y singular en su estilo de vivir la vida y de estar en el mundo”.
“Contamos con un equipo precioso; el director convocó a puros bailarines y músicos, por lo que me vinculo con personas y estilos que conozco muchísimo, muy creativos y disciplinados”, añadió.
El ojo del arte: la obra de Lola Mora que sobrevivió a la intolerancia y el paso del tiempo
En línea, la artista explicó: “Es una obra de texto, pero la puesta es cien por ciento física. El texto de María Mercedes Hernández recorre desde la juventud de Lola hasta su muerte, incluye sus romances y La Fuente de las Nereidas”.
Por tanto, el título del espectáculo es transversal a su desenlace, tal como lo detalló la intérprete: “Esa fuente fue el pilar de su vida, tanto para lo bueno como para el golpe final y la censura”.
Por tanto, el espectáculo es un musical integral: “Hay danza y música en vivo desde que empieza hasta que termina, así que es como la fiesta de la fuente de Lola Mora, porque es una obra muy vital”.
A pesar de la impronta rítmica de la pieza, González aclaró que no se trata de un musical: “Es una obra física con música en vivo de principio a fin. Sí, es un trabajo de texto, pero la puesta es física,todos estamos al cien por ciento con el cuerpo, intervenido por coreografías. La coreógrafa, Carla Rimola, nos ayuda de un modo increíble. No soy bailarina; si bien me considero una actriz física y siempre hice trabajos muy físicos, pero en esta obra tengo que estar al nivel de los cuerpos de los bailarines”.
Noticias Argentinas – Hiciste obras físicas, pero no tan vinculadas al ámbito de la danza ¿Cómo te llevás con ese aspecto?
Vanesa González – Estoy absolutamente fascinada. Los bailarines y músicos son personas sumamente disciplinadas, una constancia a la que quizás no estamos tan acostumbrados en el mundo de la actuación. A veces me siento un bicho raro porque me gusta saberme la letra desde el primer día o ir para atrás con los personajes para ver qué pasó antes, aunque entiendo que no es meramente necesario partir de esa base; cada uno tiene sus formas.
NA – ¿Y cómo es ese contraste artístico?
VG – A partir de la disciplina con la que trabajan, aparece el mundo creativo. Me sumerjo en la disponibilidad del cuerpo y conecto con él. Estoy muy feliz; más allá de haber hecho, por ejemplo, Otelo, que fue una obra súper física, acá, al estar con una coreógrafa a la par del director, Nacho De Santis; implica poner el cuerpo al cien por ciento todos los días.
NA – Anteriormente encarnaste a Ana Frank o la enfermera de Eva Perón, pero ningún personaje tan protagónico de la historia nacional.
VG – No, pero siento que siempre hay una voz que va en paralelo con una problemática social. Se me acercan materiales de ese estilo, como Jauría, sobre el caso de la violación grupal. Propuestas alineadas con hablar de algo que nos compete a la mayoría, y eso me genera un éxtasis muy profundo y una necesidad de compartirlo con el público. Me da una felicidad muy distinta cuando hago un trabajo meramente de ficción, en comparación con estos materiales. Me pasa algo muy distinto en lo profundo, no trabajo con más o menos intensidad. Empiezo a sentir una conexión tan fuerte en mi vida personal que quiero estar sola todo el tiempo, metida en el proyecto.
NA – Y con este proyecto puntualmente ¿Cómo te encontraste?
VG – Lola es una mujer que no tenía tan presente. Conocía la fuente,como todos, pero no su recorrido. Me dio vergüenza y pudor cuando empecé a leer; no podía creer que ignoraba a esta mujer que fue la primera escultora de América Latina y tuvo esa fortaleza para estar en paz con su soledad. Ella decía que había cometido algunos errores: uno era haber nacido mujer. Consideraba que había tenido una vida de hombre solo por no haber formado una familia tradicional, ni haber transitado la vida acompañada por un varón, algo propio de la mirada de la época.
NA – ¿Y el otro error?
VG – Fue haber sido escultora porque la habían castigado mucho por eso y por el tipo de arte que realizaba. Además de ser mujer en ese ámbito, realizaba desnudos porque estaba fascinada con la anatomía humana. Decía que el cuerpo desnudo era la arquitectura más hermosa que Dios había creado. Había algo muy mitológico y revolucionario en esa creación que, para la alta sociedad de la época, fue considerada una vergüenza en su momento.
NA – ¿Cómo fue el proceso de investigación previa? Es decir, cómo eligieron qué contar y cómo narrar su vida.
VG – El texto lo escribió María Mercedes Hernández, que es una gran estudiosa de Lola. Ella está muy presente en los ensayos porque lo necesita y porque es realmente una antropóloga de su vida. El texto cuenta con detalles sumamente minuciosos sobre su personalidad y su historia.
NA – ¿Y desde lo personal?
VG – Cuando empecé a ponerle el cuerpo al personaje, decidí hacer un trabajo de afuera hacia adentro. Al saber que iba a trabajar con bailarines y música en vivo, necesitaba que mi voz estuviera proyectada hacia afuera y arriba. Construí desde la forma física y luego me interioricé en sus momentos de fragilidad. Pensé en ella como esa chica nacida y criada en Tucumán, en un entorno pequeño pero con una cabeza sumamente abierta y adelantada a su época. Recién en la última etapa del trabajo me conecté con esa fragilidad interna.
NA – Sos muy autocrítica a la hora de atravesar tus personajes ¿Hubo algún detalle en el que hayas trabajado más para lograr esa verosimilitud?
Vanesa González: Sí, creo que hay algo en la voz y en la fragilidad, muy propio de la labor artística. Todo lo que hacemos nace del interior, pero siempre está expuesto a la mirada y opinión de los demás. Todo el tiempo estamos viviendo un poco desnudos, y a veces se torna un dolor insoportable porque hay que aprender a abstraerse y a apoyarse en la concentración.
NA – Un concepto muy cercano a Lola Mora
VG – Eso es algo que defendió mucho Lola con el paso del tiempo, como una mujer encerrada en su taller que fue muy criticada y censurada por hablar de igual a igual con los hombres, en una época en la que no se los veía de la misma manera. Creo que el gran trabajo estuvo en encontrar ese punto de equilibrio entre la fragilidad y la fuerza de una mujer que logró pararse de igual a igual en el 1800 frente a varones y políticos.
“La fuente de Lola”, bajo la dirección de Nacho De Santis, se podrá ver los viernes, sábados y domingos, a partir del 11 septiembre y hasta el 20 del mismo mes, en el Palacio Libertad, con entrada gratuita.
Agencia NA

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