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Conocé los secretos del Obelisco, el gran termómetro de las emociones argentinas

Redacción 21/07/2026
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Periodista. En La Nueva desde 2013. Especializado en el movimiento olímpico. Asistió a los Juegos Olímpicos de Río 2016, a los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018, a los Juegos Suramericanos de la Juventud Rosario 2022, a los Juegos Suramericanos Asunción 2022, a los Juegos Panamericanos Santiago 2023, los Juegos Olímpicos París 2024, los Juegos Panamericanos Junior Asunción 2025 y los Juegos Suramericanos de la Juventud Panamá 2026, entre otros eventos internacionales.

La Ciudad de Buenos Aires tiene innumerable cantidad de atractivos. Algunos destinos surgen con naturalidad, porque destacan o porque son históricos. Otros se van descubriendo al recorrer sus calles.

Pero hay uno que está allí, en medio de todo, y que siempre generó curiosidad.

Seguramente habrás pasado alguna vez. Si estuviste en Capital Federal, por necesidad o por elección, habrás visto esa estructura de 67,5 metros de altura ubicada en la Plaza de la República.

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El Obelisco fue creado por el arquitecto Alberto Prebisch e inaugurado en 1936 para celebrar los 400 años de la primera fundación de Buenos Aires. Allí mismo fue izada por primera vez la bandera nacional en la Ciudad.

Con el paso de los años, este Monumento Histórico Nacional fue representando el estado de ánimo de un país entero.

Basta con mirar cualquier imagen que recorra el mundo después de una gran conquista deportiva argentina para comprobarlo. Miles de camisetas celestes y blancas, banderas, bombos, abrazos entre desconocidos y una marea humana que convierte a la avenida 9 de Julio en una fiesta interminable. Allí, donde confluyen dos de las arterias más importantes de Buenos Aires, el Obelisco dejó de ser solamente un monumento para transformarse en el gran escenario de las emociones argentinas.

Entonces, el contexto no podría ser más oportuno. La Nueva. lo visitó mientras la Selección Argentina volvía a relamerse con una nueva final de la Copa del Mundo.

La postal que hoy parece natural, aunque no siempre fue así.

Durante buena parte de su historia, el Obelisco estuvo asociado a otro tipo de imágenes. Era uno de los puntos elegidos para marchas, movilizaciones y protestas sociales, muchas veces acompañadas por cortes de tránsito y momentos de tensión. Con el paso de los años, ese protagonismo comenzó a desplazarse hacia la Plaza de Mayo y la zona del Congreso, mientras el monumento fue adoptando un nuevo rol: el de anfitrión de las celebraciones.

Así tanto para clubes de fútbol como para consagraciones de la Selección Argentina, cuando hay algo para celebrar, como ocurre en cada rincón del país con ese punto de encuentro como es nuestro Teatro Municipal, el destino en la Ciudad de Buenos Aires es el Obelisco.

Ese cambio dio paso a otra transformación, mucho más silenciosa pero igual de significativa. El monumento ya no sólo se contempla desde abajo: ahora también puede recorrerse por dentro.

Durante décadas, su interior fue prácticamente un misterio. Solamente personal autorizado podía ascender por una angosta escalera metálica de 206 escalones hasta las cuatro pequeñas ventanas ubicadas en la cúspide. 

Hoy la experiencia es completamente distinta.

Gracias a la incorporación de un ascensor especialmente diseñado para respetar la estructura original del monumento, el recorrido se volvió accesible para miles de visitantes. Tras subir apenas ocho escalones, un elevador lleva a los turistas hasta el nivel superior. Desde allí, una breve escalera caracol de 35 peldaños conduce al histórico mirador. Todo el circuito demanda alrededor de 20 minutos. 

Las cuatro ventanas, orientadas hacia los puntos cardinales, ofrecen una perspectiva completamente diferente de Buenos Aires. La inmensidad de la avenida 9 de Julio, el trazado de la calle Corrientes, la cúpula del Congreso y buena parte del perfil urbano porteño adquieren una dimensión imposible de apreciar desde la calle. De noche, la experiencia suma el atractivo de una ciudad completamente iluminada.

La visita también permite conocer detalles poco difundidos sobre la historia del monumento, acompañados por personal especializado que explica cómo fue su construcción y la evolución que tuvo a lo largo de nueve décadas, tal nos contó Bianca, quien se gana la vida trabajando —literalmente— en la punta del Obelisco.

En una época donde las grandes ciudades del mundo buscan ofrecer experiencias cada vez más inmersivas, Buenos Aires encontró una nueva manera de resignificar su principal ícono. Ya no alcanza con sacarse la clásica foto desde la Plaza de la República, ahora es posible ingresar, recorrer su interior y contemplar la ciudad desde el mismo lugar que, durante años, sólo unos pocos privilegiados conocieron.

El verdadero valor del Obelisco no está únicamente en su arquitectura ni en las vistas panorámicas que ofrece. Está en lo que representa. Porque si alguna construcción logra resumir el pulso de los argentinos, es ésta. Supo ser escenario de reclamos y de desencuentros. Hoy, en cambio, es el sitio donde millones eligen abrazarse, cantar y celebrar.

La paradoja de su construcción

Pese a lo que podríamos imaginar, el Obelisco, inaugurado en 1936, llevó apenas 31 días de construcción y 157 operarios.

Uno de sus principales desafíos fue que debió elevarse teniendo en cuenta la infraestructura subterránea ya existente con dos líneas de subte (B y C) funcionaban en aquel entonces.

Así, los cimientos fueron diseñados para distribuir el peso del monumento de manera que no comprometieran su estabilidad.

Originalmente estaba revestido con lajas de piedra blanca calcárea de Córdoba, que en 1939 fueron reemplazadas por revoque porque algunas se desprendieron.

Nicolás Quintana, Gerente de Proyectos Turísticos, le contó a La Nueva. que, paradójicamente, la instalación de un ascensor tardó diez meses, mucho más que aquella construcción. El principal obstáculo fue la diminuta única puerta de apenas 1,70 metros de altura por donde debían ingresarse los elementos, en partes, para luego ensamblarlos en su interior.

El Obelisco es un Monumento Histórico Nacional, por lo que se debe resguardar y preservar su estructura; y todo lo que se instaló es perfectamente reversible.

Con esta innovación, desde noviembre de 2025 hasta hoy, la experiencia de ingresar fue disfrutada por más de 40 mil visitantes, convirtiéndose rápidamente en un imperdible dentro de la oferta turística de la Ciudad de Buenos Aires.

Las entradas se consiguen en la web www.miradorobelisco.com.ar y se puede acceder todos los días de 9 a 21 en turnos de 15 minutos cada uno, con capacidad para cuatro personas.

Las entradas cuestan $18.000 para adultos residentes argentinos (con DNI) y $36.000 para extranjeros, mientras que menores de 4 a 11 años deberán abonar $14.500 y $29.000, respectivamente. El ticket para jubilados argentinos sale $14.500.

Redacción 21/07/2026
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