
Nuevas manifestaciones sacudieron Irán durante la noche del viernes y continuaron este sábado, en una movilización inédita más fuerte de los últimos años. El país permanece prácticamente aislado del mundo tras el bloqueo total de Internet, una medida dispuesta por las autoridades para intentar contener las protestas, en un contexto de creciente represión y amenazas oficiales.
Los habitantes continúan sin acceso a Internet por tercer día consecutivo, según la ONG Netblocks, especializada en vigilancia de ciberseguridad. El apagón afecta a todo el territorio nacional y también incluye interrupciones en llamadas telefónicas y sistemas de mensajería, lo que dificulta la salida de información independiente.
El discurso oficial se endureció con el correr de los días. Al inicio de las protestas, que comenzaron el 28 de diciembre de 2025, el presidente Masoud Pezeshkian y otros funcionarios hablaban de “personas descontentas” por razones económicas legítimas. Sin embargo, ahora los manifestantes son calificados como “agentes terroristas” al servicio de Estados Unidos e Israel, una retórica que parece anticipar una respuesta represiva más severa.
Ese lenguaje fue adoptado formalmente por el Ejército iraní, que este sábado acusó a “grupos terroristas hostiles” de intentar “socavar la seguridad pública”. En un comunicado, aseguró que las Fuerzas Armadas protegerán “los intereses nacionales, la infraestructura estratégica y la propiedad pública”.
El viernes, el líder supremo Alí Jamenei también endureció su postura. Afirmó que el país “no retrocederá frente a los destructores” y acusó a los manifestantes de destruir edificios “para satisfacer al presidente estadounidense”, en referencia a declaraciones recientes de Donald Trump, quien había advertido que no descartaría acciones militares para “defender a los manifestantes pacíficos”.
Represión y apagón informativo
La falta de comunicaciones impide dimensionar con precisión lo que ocurre en las calles, pero organizaciones de derechos humanos alertan sobre una represión creciente. Según Human Rights Activists in Iran (HRANA), al menos 65 personas murieron y unas 2.300 fueron detenidas desde el inicio de las protestas. Entre los fallecidos habría civiles, menores de edad y miembros de las fuerzas de seguridad.
Videos verificados por la BBC muestran escenas especialmente graves: cuerpos ensangrentados en un estacionamiento de Karaj y cadáveres en el patio de un hospital en el este de Teherán. Testimonios recogidos por Le Monde hablan de “decenas de manifestantes asesinados” en hospitales de la capital.
En la ciudad de Shiraz, imágenes difundidas por la BBC exhiben hospitales desbordados, con heridos de bala en la cabeza y los ojos. Según Reuters, médicos del noroeste del país reportaron decenas de heridos con fracturas, golpes severos y disparos con munición real, con al menos cinco muertes confirmadas en un solo hospital.
Presiones externas y riesgo de escalada
Pese al apagón informativo, las protestas continuaron el viernes por la noche en Teherán, Mashhad y Yazd, tras un llamado del opositor Reza Pahlavi, hijo del último sha de Irán. En distintos barrios se escucharon consignas contra el régimen y pedidos de “libertad”, mientras se registraban incendios de vehículos policiales, edificios públicos y mezquitas.
En paralelo, crece la tensión regional. En Israel, el gobierno de Benjamín Netanyahu habría validado una operación militar denominada Iron Strike, según reportes de la prensa israelí. El plan habría sido discutido con Estados Unidos a fines de diciembre y el ejército israelí fue puesto en estado de alerta máxima.
La posibilidad de una escalada preocupa especialmente a Teherán, que aún no logró recomponer plenamente sus capacidades militares tras la guerra de junio de 2025 con Israel, conflicto que dejó instalaciones estratégicas dañadas y varios comandantes muertos.
De la crisis económica al desafío político
Lo que comenzó como una protesta por la caída de la moneda y el deterioro económico derivó rápidamente en un desafío político abierto al régimen islámico, con llamados explícitos a su derrocamiento. El gobierno respondió endureciendo su postura y advirtiendo que responsabilizará a los “instigadores” por la violencia.
Los Guardianes de la Revolución afirmaron que permanecerán activos hasta “desarticular los complots enemigos” y restablecer el orden. Mientras tanto, el país sigue aislado, las calles en tensión y la comunidad internacional observa con preocupación un escenario cada vez más volátil.
Con información de AP, Reuters y BBC.
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